Las teorías psicológicas
explícitas de sabiduría se refieren a las construcciones teóricas del concepto,
a la operativización cuantificable del término así como a la identificación de
antecedentes, variables correlativas y consecuencias y conceptos relacionados.
Dentro de este tipo
de teorías, uno de los primeros autores en acercar el término sabiduría a la
vejez fue Erikson. De la propuesta de Erikson, caracterizada por la
existencia de ocho fases que abarcan todo el ciclo vital y que se traducen en
forma de conflicto, vamos a centramos en de la última: integridad versus desesperación,
y en sus implicaciones tanto en el proceso de maduración y envejecimiento como
para el desarrollo de la sabiduría.
Según Erikson en
la última etapa de la vida solamente la persona que ha cuidado de cosas y de personas,
que se ha adaptado a sus triunfos y a sus desilusiones, será capaz de
resolverla con éxito. Así, define el concepto de integridad como la
aceptación del propio y único ciclo de vida como algo que debía
ser y que, necesariamente, no permitía sustitución alguna.
Para este autor la
persona es consciente de que existen diferentes estilos de vida, pero está
lista para defender la dignidad de su propio estilo, porque sabe que una vida
individual es la coincidencia accidental de sólo un ciclo de vida, con sólo un
fragmento de la historia.
La superación de esta
etapa, es decir, la consecución de la integridad, hace que la muerte pierda el carácter
atormentador que tiene en nuestra sociedad.
Por el contrario, la
desesperación expresa el sentimiento de que ahora el tiempo que queda es demasiado
corto para intentar otra vida y para probar caminos alternativos hacia la
integridad. La persona que no logra esta integridad y se encuentra desesperada,
siente que ha desperdiciado su vida.
Así pues, desde la
perspectiva de Erikson, la persona que ha logrado la integridad es aquella que acepta
de manera responsable la vida tal y como ha vivido.
Esta personalidad
"generadora" e "integrada" es el camino, según Erikson,
hacia uno de los atributos más positivos susceptibles de ser alcanzados en esta
última etapa de la vida: la sabiduría. Para Erikson la sabiduría consiste en
la aceptación de la vida, la percepción de que uno ha vivido poniendo "las
mejores intenciones" y la preocupación por los intereses comunes y no
personalistas. Ryff , partiendo de los conceptos propuestos por Erikson,
formula un modelo de síntesis de desarrollo personal, en seis dimensiones o
criterios de bienestar personal cercanos al concepto de sabiduría. Las cinco primeras
(aceptación, relación positiva con los otros, autonomía, dominio del ambiente y
propósito en la vida) representan estados ideales finales de la persona de
funcionamiento pleno y constituyen metas para el completo desarrollo. La
última, crecimiento personal, según Ryff, es una cualidad que tiñe a las demás,
ya que el desarrollo óptimo requiere no sólo lograr estas cualidades, sino
también que se continúe desarrollando el propio potencial, creciendo y
expandiéndose como persona.
Como conclusión a estos
trabajos, según Ryff, se pueden diferenciar ciertas dimensiones de
personalidad y bienestar (por ejemplo generatividad, integridad, domino del
ambiente y, en menor medida, autoaceptación y autonomía) respecto a las cuales los
sujetos experimentan cierto progreso "evolutivo" consistente. Estas
dimensiones son cercanas al concepto de sabiduría, a partir de lo cual se
podría especular acerca de la posible relación que existe entre la consecución
de la sabiduría y la satisfacción personal.
·
Erikson EH.
Infancia y
Sociedad. Buenos Aires: Hormé. 1970.
·
Erikson EH.
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