viernes, 30 de agosto de 2013

Una Alimentación Saludable y Balanceada


En esta etapa, el apetito, así como la cantidad de alimentos ingeridos tiende a declinar, por lo que debe tenerse especial cuidado de entregar una dieta balanceada y atractiva que aporte una nutrición equilibrada y saludable. Cuando los adultos mayores incorporan dietas saludables pueden revertirse o retrasarse muchos de los cambios asociados al proceso de envejecimiento, asegurando de este modo, que muchos de ellos puedan continuar viviendo en forma independiente y disfrutando de una buena calidad de vida, que les permita compartir activamente dentro de la familia y de la comunidad.

En lo posible deben comer cuatro veces al día: desayuno, almuerzo, once y cena y una colación a media mañana. Las personas mayores suelen no comer en la noche, sin embargo, es importante mantener siempre una comida liviana al atardecer que evitará un largo período de ayuno y mejorará una serie de funciones metabólicas en el organismo.

El consumo de productos lácteos descremados como leches o yogurt es importante, ya que si bien la absorción de calcio está disminuida a esta edad, una mayor ingesta diaria significará una mayor ingesta absoluta de calcio. Los productos sin lactosa (deslactosados) presentes en los supermercados son una buena alternativa para los que presenten molestias digestivas producidos por la lactosa como flatulencia y malestares. Un aporte adecuado de lácteos es también una buena fuente de proteínas que contribuirá a evitar la pérdida de masa muscular.

Las personas mayores son más vulnerables a la deshidratación como resultado de una disminución de la función del riñón y porque tienen un menor contenido de agua corporal. Debe recomendarse que se consuma bastante líquido, al menos que esté contraindicado por problemas renales o cardíacos.

Los adultos mayores reducen su ingesta de alimentos y de actividad física de manera considerable, situación que los predispone a padecer desnutrición, anemia y otras deficiencias de micro nutrimentos. En este sentido, es importante conocer los determinantes de la alimentación en el adulto mayor para de esta manera, incidir en la mejora de su calidad de vida.

Otras de las pérdidas que sufre el adulto mayor son las sensoriales del gusto, olfato y sensibilidad, las cuales determinarán el apetito y la selección de sus alimentos. Esto origina a que prefieran los alimentos dulces, además de agregar más sal y grasa a sus preparaciones.

Ante todo, la comida debe ser fácil de asimilar por la persona. Esto significa que sus piezas dentarias o prótesis deben estar en buen estado. Hay que considerar que alimentos duros o muy secos no son los apropiados. Por lo tanto, una buena opción es la dieta semisólida o blanda (Ejemplo: carne molida, verduras y frutas ralladas o cocidas.)



Milagros, M. (2001). Envejecimiento y cambios psicológicos (en línea). Disponible en: http://psicomundo.com/tiempo/monografías/cambios.htm.

El Amor Verdadero

Si supiera que hoy fuera la última vez que te voy a ver dormir, te abrazaría fuertemente y rezaría al señor para poder ser el guardián de tu alma.

Reconociendo que el deseo de amar y de ser correspondido es inherente al ser humano en cualquier momento de la vida, la etapa de la vejez no queda al margen de esta condición humana. Sin embargo, es evidente que  el amor en la vejez es más tranquilo, reflexivo, lejos de la pasión de la juventud, y que con mucha frecuencia se convierte en compañía, como lo muestra el excelente libro de Gabriel García Márquez, “El amor en tiempos del cólera”.

Cualquier persona puede vivir su última etapa de vida gracias al valor que aporta el amor, cultivar el amor en la tercera edad es un verdadero regalo, puesto que no existe mayor medicina para vivir feliz que la ilusión que aporta un corazón correspondido.

Es evidente que los adultos mayores han tenido más tiempo y oportunidades que los jóvenes para aprender a amar de verdad. Han aprendido a compartir también la enfermedad, los achaques, las despedidas de los hijos, la muerte de amigos, en fin, su paulatina disminución de actividad e incluso de fuerza, para apoyarse logrando una  comunión total. Es así como el  amor otorga al adulto mayor un sentido trascendente de la vida.

Sin embargo, al hablar de amor en la tercera edad surgen una serie de mitos y prejuicios que sólo revelan el desconocimiento del tema a nivel social, ya que por lo general se asocia el amor con la juventud, y se castiga cuando se da en etapas más avanzadas.

El verdadero amor no se apoya en lo físico, puesto que esta atracción es muy cambiante y depende de muchas variables, algunas externas. En cambio, sí se basa en lo espiritual, donde la relación se da a un nivel más profundo, soportada por los sentimientos y los pensamientos.

Esta espiritualidad requiere de un trabajo constante para perdurar y fortalecerse.

Cuando se llega a los 60 años o más, se ha aprendido a amar de verdad, de una manera más completa, que trasciende el enamoramiento y la pasión de los años jóvenes, donde son los instintos los que nos impulsan.

El amor de juventud es mayoritariamente sentimental o corporal, donde se busca la felicidad propia principalmente.

En la edad adulta, el amor madura y se transforma, debido a que se ha escapado al imperio de las pasiones y el romanticismo exagerado.

Las parejas de la tercera edad, han aprendido a compartir, tanto los buenos momentos y recuerdos, como las enfermedades, achaques y las pérdidas. A esto se suma la disminución física que trae aparejada una merma en las actividades. Todos estos factores favorecen el compañerismo y la cooperación de la pareja.

Machado, L. Duelo psicológico y sexualidad (en línea). Disponible en: http://www.encolombia.com/medicina-reproductia24299-duelo.htm.

La Familia como Factor Negativo


Envejecer, visto desde la perspectiva de una persona joven o adulta joven, puede suponer un proceso todavía un tanto lejano, sin embargo si tenemos en cuenta que múltiples funciones biológicas y fisiológicas a partir de los 30 años empiezan a funcionar con una capacidad que se va reduciendo, debemos replantearnos eso de que el proceso de envejecimiento es algo lejano en nuestras vidas, porque todos estamos envejeciendo desde que nacemos.

No se puede evitar envejecer, se puede evitar y cuidar del envejecimiento patológico (no natural).Envejecer es un hecho, pero hay que verlo no sólo desde el punto de vista negativo, porque la sabiduría sólo se puede poseer disponiendo y gastando en general bastante tiempo. Hay que verlo además como un continuo proceso de desarrollo, donde se pueden encontrar nuevas oportunidades, nuevos intereses, y si se ha perdido a la pareja, nuevos amores también; que hacen la vida cada día más interesante. Al considerar la etapa del envejecimiento se nos plantea un problema social de primer orden, en cuanto las personas mayores como grupo diferente e importante en el ámbito demográfico (poblacional) con intereses propios, se exige a la sociedad que se garantice el incremento de su bienestar, el desempeñar roles que den sentido a sus vidas, el desarrollar actitudes distintas a las actuales con las que se dé fin a la marginalidad, a la inseguridad, a la falta de calidad de vida y a todos los prejuicios, mitos y estereotipos, que forman parte del imaginario social que envuelve el proceso de envejecer.

Lamentablemente es en la familia donde se observa más agresiones de toda índole. Una forma de agresión sutil pero muy invasiva es ir desplazándolos a lugares secundarios, restándoles importancia a sus opiniones y en el extremo de esto, el hacerles callar. Así pasan por una segunda jubilación: la primera laboral y la segunda familiar: Lo cual va creando un terreno propicio para el desarrollo de la Depresión, que puede tener consecuencias fatales. No les propician una adecuada calidad de vida. Una forma evidente de invasión es la violación de la intimidad; la sociedad filocéntrica (centrada en los hijos) promueve que en los hogares vivan 3 generaciones: los abuelos, los hijos y los nietos: No es raro que estos sean colocados en la habitación de los primeros, "para acompañar a los abuelos", invadiendo así su privacidad y limitando a los mayores en sus acercamientos íntimos; no saben o no consideran que el deseo sexual no desaparece con la edad y se asocia la actividad sexual sólo con el coito penetrativo, y existen otros modos de disfrutarla como los abrazos, los besos, las caricias. Los "propios sobrevalorados"; sucede muchas veces que hijos cuyos padres les brindaron oportunidades profesionales, ahora se muestran soberbios, ante la poca cultura de sus padres, llegando a no presentarlos y a no incluirlos en sus relaciones sociales, ahora se avergüenzan del inculto que los culturizó. Esto hiere profundamente la sensibilidad de los adultos de la tercera y cuarta edad, que comienzan a aislarse y a deprimirse. La frialdad afectiva o indolencia afectiva: no los acarician, no los escuchan, hay una suerte de ignorancia frente a las necesidades de afecto, de compañía y hasta de protección de los adultos de esta etapa. No preocuparse de sus atenciones médicas y se descuidan de sus medicamentos, es una forma también de violencia.

El extremo de la violencia: maltratarlos físicamente, verbalmente, psicológicamente. Otra manera es asilarlos, como una carga pesada que ellos (los hijos) no pueden llevar. No hay peor soledad, que la soledad impuesta, teniendo familia de toda la vida. No pueden disfrutar al final de la misma de las personas que son muy importantes en su corazón, les espera así un final sin el consuelo de despedirse de los que tanto amaron.

Rodero, M.A.. La tercera edad (en línea). Disponible en: http://www.finteramericana.org./librosdoc/publica/publica_comple18.htm.

Miedo al Envejecer ¿Por qué?


"Nuestros miedos no son más que un estado mental" (Napoleon Hill)

"A menudo nuestros miedos superan a nuestros peligros" (Anónimo)

 

“Es importante recalcar, que dentro de los miedos más importantes, que todos tenemos, hay dos que están presentes en la mayoría de las personas mayores. Curiosamente, no es el miedo a la muerte, sino al sufrimiento cuando ésta se acerca, particularmente al dolor físico, y por sobre todo está el temor a ser dependiente y no poder valerse por sí mismo. El ser una carga literalmente aterroriza a las personas de edad avanzada”,

El principal miedo en las personas mayores es el miedo a la dependencia, al no poder autovalerse y tener que depender de otros para realizar las actividades de la vida diaria. Dentro de este miedo aparece ser una carga para los hijos o cónyuge.

También aquí se podrían situar los miedos a déficits sensoriales como perder la visión o la audición y los miedos relacionados con la movilidad, como estar postrado o tener que usar ayudas técnicas como bastón o andador. Los cambios en la funcionalidad se pueden dar por dificultades a nivel físico o a nivel mental.

Otro gran temor de las personas mayores es la pérdida de la memoria y la capacidad de decisión, lo que conlleva a tener que delegar algunas actividades instrumentales de la vida diaria como la conducción de automóvil, el manejo de las finanzas y la medicación. La condición anterior lleva a un nivel de vulnerabilidad importante cuando el soporte social no es el adecuado, y la persona debe confiar en personas ajenas a sus seres queridos para temas tan importantes como el manejo de su patrimonio o medicación.

Estudios nacionales e internacionales hablan de las enfermedades más temidas por las personas mayores, serían la Demencia, específicamente la tipo Alzheimer, el Cáncer y las enfermedades neurológicas relacionadas con la pérdida de la movilidad.

NO dejemos que estos miedos estén influidos por la cultura, el grado de soporte social, el conocimiento de la enfermedad y la experiencia pasada, la pérdida de la independencia, el considerar ser una carga en la familia, la pérdida del control por deterioro físico o mental de no poderse librar del dolor, la pérdida la conciencia por sedación, de ser olvidado fácilmente, sufrir indignamente, o la recurrencia de pensamientos de morir solo o sin nadie que lo quiera, porque muchas veces son estos los miedos que nos impide avanzar y a seguir hacia adelante.

• Arce, H.. Contreras, P.. Gutiérrez, B.. La vejez (en línea). Disponible en: http//www.udec.cl/-ivalfaro/apsique/desa/vejez.html#pv.

Un Envejecimiento Saludable


La vejez no debe ser un impedimento para ser feliz. Por el contrario, puede ser un motivo para decidirse a "ser felices, aquí y ahora".

Pero, en realidad, es posible envejecer en muy buenas condiciones, si tratamos de mantener en el mejor estado posible los aspectos clínico, funcional, mental, social y espiritual de la persona. En otras palabras, se puede envejecer con buena salud y acompañado, si nos preocupamos de prevenir las enfermedades, de ejercitar el cuerpo y la mente, y de cultivar las relaciones sociales y personales. Es fundamental, eso sí, que todas estas medidas comiencen mucho antes de que aparezca el deterioro.

Prevenir las enfermedades es la clave para conseguir una vejez saludable, sin enfermedades que alteren la calidad de vida. Una buena prevención implica autocuidado, es decir, la obligación individual de conocer y poner en práctica las medidas para preservar la propia salud (prevenir la aparición de enfermedades, alcanzar grados de independencia ante a una incapacidad originada por una enfermedad, etcétera).

Prevenir las caídas y mantenerse activo e independiente permite al adulto mayor mantener al máximo la capacidad de realizar actividades básicas e instrumentales de la vida diaria, como desplazarse, vestirse, cocinar, y poder usar el teléfono, entre otras actividades.

Con el paso de los años, es inevitable que disminuya la capacidad mental y que se pierda ligeramente la memoria. Ejercitar la mente es fundamental para conservar la cabeza en la mejor condición posible y así mantener la autosuficiencia social y la capacidad de tener contacto intelectual con otras personas. Para lograrlo es recomendable leer, mantenerse informado a través de los medios de comunicación, conversar, y participar en programas de entrenamiento de la memoria. Estos últimos están disponibles en la mayoría de los centros municipales para el adulto mayor.

Cultivar las relaciones sociales y personales es la única forma de permanecer integrado en la sociedad, y así evitar el aislamiento y la soledad. Para lograrlo es imprescindible mantener y crear nuevas amistades y relaciones, y fortalecer los lazos familiares. En este sentido, puede ser muy beneficioso aprovechar los recursos sociales disponibles, como centros de convivencia, centros culturales y/o espacios recreativos que faciliten la integración del adulto mayor en la comunidad.

 

Tercera edad (en línea). Disponible en:
http://www.lafacu.com/apuntes/sociología/terc_edad/default.htm.

La pérdida de memoria por envejecimiento puede ser reversible y prevenible

Nueva York (Reuters). Los científicos tienen buenas noticias para los adultos mayores que ocasionalmente olvidan por qué entraron en una habitación y sienten terror de estar contrayendo la enfermedad de Alzheimer.
La pérdida de memoria relacionada con la edad no solo es un síndrome sin relación alguna con la temida enfermedad, sino que a diferencia del Alzheimer puede ser reversible y prevenible, según un estudio publicado en la revista “Science Translational Medicine” por un grupo de investigadores liderados por el premio Nobel, Eric Kandel, de la Universidad de Columbia.
Utilizando cerebros humanos donados y cerebros de ratones de laboratorio, el estudio identificó por primera vez los defectos moleculares que causan el envejecimiento cognitivo.
En un rayo de esperanza en un campo que apenas ha tenido algo que ofrecer a los adultos con problemas de memoria, los autores del estudio concluyeron que los medicamentos, la alimentación y el comportamiento pueden influir en estos mecanismos moleculares, ayudando a recuperar la memoria.
Cualquier intervención en ese sentido supondría un avance significativo frente a lo poco que ofreció la ciencia ante el declive de la memoria: consejos para mantenerse cognitivamente activos y saludables, que ayudan a algunas personas pero no a todas y tienen una base científica débil.
La identificación de la molécula de “¿dónde estacioné el auto?” podría también resucitar los moribundos esfuerzos para desarrollar medicamentos que ralenticen o hagan retroceder la pérdida de memoria que acompaña al envejecimiento normal.
“Son una serie de estudios primorosos”, dijo Molly Wagster, del Instituto Nacional sobre el Envejecimiento, experta en el declive de la memoria relacionado con el envejecimiento y que no participó en el estudio. “Nos dan pistas sobre el mecanismo de la pérdida de memoria y, con suerte, nos pondrán en el camino hacia una terapéutica dirigida”.
Aproximadamente un 40% de los estadounidenses de 85 años y más dicen que experimentan algo de pérdida de memoria, según un sondeo realizado en el 2008 por el Pew Research Center.
 

sábado, 24 de agosto de 2013

Humanismo


Soy capaz de cierta interpretación humanística del misterio de envejecer, no solamente porque estoy abarcando el tema de la tercera edad, sino porque he sido en su momento una observadora atento a ello y testigo de la injusticia con que se le trata, pero sobre todo aislado y excluido, flotante sin verdadera identificación, en un medio todavía hostil.
 
La imagen del viejo, tan importante otrora en el gobierno, el consejo, la consulta, la magia y la profecía de muchos pueblos, tan olvidada después en occidente, emerge ahora, pero desgraciadamente como una amenaza y rivalidad en la mesa del culto a la juventud, como un competidor en el respecto.
 
De esa imagen me quiero preocupar. Tiene demasiados intereses en acecho en torno a ella. El viejo como objeto y sujeto de sus tradicionales derechos, mas teóricos que prácticos. Mi propósito es demostrar en el viejo un hombre normal como cualquier otro, a la escala de su edad, con todo el pleno derecho a la vida, en todos sus campos y a vivirla sin la mengua causada por los prejuicios, los tabúes y los mitos acumulados sobre él para disminuirlo y aplastarlo, impidiéndole la realización normal de la vida, privando a la sociedad de sus luces, sabiduría y experiencia, al condenarlo al islote de la vejez, como un ostracismo, en vez de estimular su condición de realizador y partícipe.

Para el humanista el viejo es ante todo un hombre y no deja de serlo sino con la muerte. 
 
 
El secreto de una buena vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad. 
Gabriel García Márquez
 
 
Envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena.
   Ingmar Bergman
 

Duelo en el Anciano


Es importante tener en cuenta que en esta etapa del desarrollo las reacciones del duelo serán más sostenidas en el tiempo, esto debido a que el anciano tiene más dificultades para adaptarse a los cambios. La pérdida es el tema predominante en la vida emocional del anciano. Para el anciano la muerte no solo le pone término a la vida, sino que ahora está más presente que nunca. El duelo en el anciano es similar al del niño, debido a que en la senectud se produce una vuelta a la dependencia. John Bowlby (1980) plantea que esa actitud de búsqueda o vuelta a la dependencia, se debe a la expresión de la respuesta instintiva a la separación que observamos en la infancia. Este impulso no solo se provoca cuando perdemos a la figura de apego más importante en cualquier etapa de la vida, sino que es específico de los seres humanos. Esto produce una disminución de la capacidad para el duelo. La dependencia que presenta el anciano lo lleva a desarrollar conductas no patológicas y adaptativas a la pérdida. También necesitan un sustituto que les brinde seguridad, ya que la pérdida de la persona querida amenaza esta seguridad. No obstante, en otros casos, no parece haber un intento de búsqueda de sustituto, presentándose conductas autodestructivas, en un aparente intento de reunión con la persona perdida, sin mostrar signos de dolor por esta pérdida. El anciano en condición de dependencia, parecería estar más preparado para su propia muerte que la del objeto de su dependencia.
 

Bowlby, J. (1999). Vínculos afectivos: Formación desarrollo y pérdida (3ª Ed.). Madrid:Morata

Duelo y Melancolía


El duelo y la melancolía son reacciones frente a una pérdida. Freud toma la palabra 'duelo' en sus dos acepciones: como dolor ('dolere') y como combate entre dos ('duelum'), ya que el duelo implica un combate doloroso entre dos: por un lado el yo que se resiste a abandonar sus lugares de satisfacción, y por el otro el principio de realidad que insiste en la pérdida.

Freud se pregunta por qué el duelo resulta doloroso, y al respecto señala que en él podemos encontrar tres afectos: angustia, que es la reacción ante un peligro, y aparece repentinamente, desencadenando el duelo. Luego el dolor que es el displacer producido por un acumulación de una cantidad no tramitada. Lo doloroso del duelo está en una sobrecarga de las representaciones del objeto perdido teniendo en cuenta que el yo es sensible a todo lo que le traiga un recuerdo del objeto perdido. Luego, esa sobrecarga deberá ser descargada poco a poco, y el dolor va cediendo. Además, el dolor viene también porque el objeto perdido ya no nos ama más. Y la tristeza aparece al final de este trabajo doloroso, cuando lo perdido queda registrado como tal, pasando a integrar el pasado. Luego el yo se siente liberado e inviste un nuevo objeto, mediante el proceso de sustitución. Este mecanismo suscita dos cuestiones: una sustitución como consecuencia de una represión primaria, pues se sustituye algo que preexistió. Y cada duelo inevitablemente convoca a duelos anteriores, o sea, hay un resto inelaborable en cada duelo, que retornaría por repetición en otros duelos. Podemos decir entonces que el duelo es, por regla general, la reacción frente a la pérdida de una persona amada u objeto significativo.

La melancolía, por su parte, Freud la singulariza en lo anímico por una desazón profundamente dolida, una cancelación del interés por el mundo exterior, la pérdida de la capacidad de amar, la inhibición de toda productividad y una rebaja en el sentimiento de sí que se exterioriza en autorreproches y autodenigraciones y se extrema hasta una delirante expectativa de castigo. El examen de realidad ha mostrado que el objeto amado ya no existe más, y de él emana ahora la exhortación de quitar toda libido de sus enlaces con ese objeto. A ello se opone una comprensible renuencia; universalmente se observa que el hombre no abandona de buen grado una posición libidinal, ni aun cuando su sustituto ya asoma. Esa renuencia puede alcanzar tal intensidad que produzca un extrañamiento de la realidad y una retención del objeto por vía de una psicosis alucinatoria de deseo. Lo normal es que prevalezca el acatamiento a la realidad. Pero la orden que esta imparte no puede cumplirse enseguida. Se ejecuta pieza por pieza con un gran gasto de tiempo y de energía de investidura, y entretanto la existencia del objeto perdido continúa en lo psíquico. Cada uno de los recuerdos y cada una de las expectativas en que la libido se anudaba al objeto son clausurados, sobreinvestidos y en ellos se consuma el desasimiento de la libido. En el duelo hallamos que inhibición y falta de interés se esclarecían totalmente por el trabajo del duelo que absorbía al yo. En la melancolía la pérdida desconocida tendrá por consecuencia un trabajo interior semejante y será la responsable de la inhibición que le es característica. La melancolía implica una imposibilidad de realizar el trabajo de duelo, o sea, de perder el objeto. La melancolía no necesariamente se desencadena por una pérdida real y, aunque sea así, el melancólico sabe a quién perdió, pero "no sabe lo que con él ha perdido". La diferencia importante con el duelo es la pérdida de la autoestima (que también hay en el duelo, porque uno deja de ser amado) en la medida en que tal pérdida de autoestima se traduce en autorreproches y en una consecutiva espera de castigo delirante. Aparece un delirio de insignificancia y un sentimiento de culpabilidad ("yo me lo merezco").

El concepto articulador de estas relaciones es el narcisicmo, aun cuando el narcisismo por sí solo no explica las melancolías ni las psicosis en general.
 

American Psichological Association (2001). The 5th edition of APA’s Publication Manual (en línea). Disponible en: http://www.apastyle.org/pubmanual.html.

El Proceso de Duelo


El proceso de duelo se inicia inmediatamente después o en los meses siguientes a la muerte de un ser querido. El período de tiempo o de duración varía de persona en persona (Villena), no siempre el mismo, y varía dependiendo del grado de impacto en el momento de la pérdida, por la personalidad del individuo, y por los recuerdos internos y externos que se posean de la persona fallecida. Además de estar determinado por la identidad y el rol de la persona fallecida, por la edad y sexo de la persona que sufrió la pérdida, por las causas y circunstancias en que esta ocurrió, y por las circunstancias sociales y psicológicas que afectan al sobreviviente.

Como todo proceso, el duelo cursa etapas las cuales han sido definidas por diferentes autores. En general, todos coinciden en que el duelo se desarrolla en cuatro etapas dinámicas, la primera etapa se denomina de “Impacto y Perplejidad o Shock”. Esta etapa se inicia cuando nos enfrentamos a la noticia de la muerte. Puede prolongarse desde minutos, días y hasta seis meses. Se intenta defender del impacto de la noticia. El anciano se enfrenta a una realidad que no logra comprender y que capta toda su atención, por lo que el consuelo no será bien recibido. Es el mismo quien debe verificar y confrontar la realidad. Tampoco hay que sobreprotegerlo y no forzarlo a realizar actividades que no quiere, ni tampoco hay que dejarlo en un reposo absoluto por un tiempo prolongado. Por otro lado, experimenta sentimientos de pena y dolor, incredulidad y confusión. También presenta trastornos del apetito por defecto o por exceso, así como también nauseas e insomnio. La segunda etapa se denomina de “Rabia y Culpa”; hay una angustia intensa, acompañado de un desorden emocional. La muerte ya ha sido aceptada como un hecho real. El anciano comienza un proceso de búsqueda de quien ya no está y empieza a expresar los sentimientos por éste. Una tercera etapa sería la de “Desorganización del Mundo, Desesperación y Retraimiento”. Esta etapa puede durar hasta dos años. Se intensifica la pena y llanto. Surgen los sentimientos de culpabilidad, resentimientos, soledad, añoranza y auto reproche. El anciano siente rabia lo cual lo mantiene resentido y le impide su readaptación a la nueva realidad y tienen comportamientos o conductas no meditadas. Sueña con el fallecido, se retira socialmente, suspiros constantes, hiperactividad y frecuenta los mismos lugares del fallecido. Presenta sensaciones físicas, como el estómago vació, tirantes en tórax o garganta, hipersensibilidad a los ruidos, vivencias de despersonalización, sensación de ahogo y boca seca. También pensamientos de preocupación, presencia del fallecido, alucinaciones visuales y auditivas. No hay que esperar que el anciano cambie su conducta o reprima su tristeza, al contrario, hay que permitirle la realización del duelo, para que sea capaz de enfrentar los sentimientos de dolor y tristeza. Y la cuarta y última etapa se denomina de “Reestructuración del mundo, Reorganización y Sanación”. La reestructuración puede durar hasta dos años. El anciano toma conciencia de la pérdida, acepta el vacío y lo incorpora como una ausencia presente. Reaparece la paz y el sentido de vivir, y se atenúa las emociones y sentimientos. Vuelve a sentir la calidez de quienes lo rodean. Comienza a tener una visión más realista del ser perdido.

Se habla de elaboración del duelo cuando ya se ha aceptado la pérdida y el recordar no causa dolor. El expresar abiertamente la pena que se siente es algo natural y deseable, y supone una buena salida psicológica en términos de la elaboración del duelo recientemente vivido.

Por su parte, el proceso de duelo posee tareas las cuales deben llevarse a buen término para desencadenar una buena elaboración de éste. Se debe aceptar la realidad de la pérdida, luego sufrir pena y dolor emocional, para después ajustarse al medio sin la persona desaparecida en el sentido de construir una nueva vida estable y satisfactoria, y finalmente quitar la energía emocional del fallecido reduciéndola hacia otras relaciones en el sentido de recuperar la capacidad de amar en un sentido más amplio.

Si ahora caracterizamos los duelos patológicos éstos se producen cuando las tareas del proceso no han sido vividas y finalizadas. El duelo anormal puede presentarse de diversas maneras, que van desde el retraso del duelo o la ausencia, hasta un duelo muy intenso y prolongado, que puede incluso asociarse a conductas suicidas o síntomas psicóticos. Estos ancianos muestran signos de pesadumbre en forma grave y retardada. Aquí el problema es preguntarse por qué el paciente es incapaz de superar la pérdida. Existen distintas explicaciones al respecto. Por un lado, se puede ver una fuerte dependencia debido al apego del anciano a su cónyuge difunto. O bien el anciano no mantiene estrecha relación con otro miembro de la familia a quien transferir algunos de los lazos que lo vinculaban a su cónyuge. Como también es probable que las relaciones de duelos patológicos anteriores, si las hubo, hayan sido ambivalentes. Como resultado de este tipo de duelo se puede desencadenar una depresión, la cual en el adulto mayor puede ser mortal. Esta está determinada por la personalidad del anciano como también por su historia vital. Éste tipo de depresión afecta el sistema orgánico central, endocrino e inmunológico, paralizando el continuo proceso de crecimiento y el intelecto. Además se presenta una declinación del funcionamiento del organismo, deterioro de las funciones físicas, baja de las defensas, con lo cual puede ser presa fácil de cualquier enfermedad. Se presenta alteración de algunos neurotransmisores como la serotonina, noradrenalina y dopamina. El ánimo se resiente y en anciano está constantemente cansado. La pérdida de la salud física puede llevar a una baja de autoestima, una mayor dependencia y una disminución de la movilidad. Es importante en este caso, tener en cuenta que el anciano que vive un duelo patológico nos dará algunas señales de alerta, como puede ser la pérdida de la energía, el sentirse viejo, la anedonia o pérdida de las ganas de disfrutar. Así como también puede presentar insomnio, disminución del apetito y baja de peso cuantificable. Es común que tengan pensamiento de muerte, un fuerte retraimiento social, algún tipo de sentimiento de culpa, un cambio en el estado de ánimo, como también dolores físicos y quejas sobre su salud.

Villena, J. El duelo (en línea). Disponible en: http://www.psicoplanet.com/temas/tema13__contenido.htm.

La Barrera de los mitos


En la antigüedad, Aristóteles decía que la mente no cambiaba con el paso del tiempo, sin embargo, Lucrecio opinaba lo contrario, que el tiempo debilitaba el intelecto; pese a las ideas erróneas, las creencias contradictorias sobre la vejez, existen cambios tanto fisiológicos como psicológicos bien establecidos.

¿Todo lo que se dice sobre la vejez es verdad? ¿Tiene usted estereotipos sobre el envejecimiento? Si queremos empezar a respetar y a conocer mejor el envejecimiento, el primer paso es pensar sin estereotipos

Empecemos por  definir los estereotipos como las creencias que mantiene una persona o un grupo de personas sobre un grupo social. Se traduce en una imagen subjetiva sobre ese colectivo. Los efectos que ejercen los estereotipos sobre las personas mayores son enormemente tóxicos e influyen en ellos a través de dos vías: la de la sociedad en la que vive (familiares, cuidadores profesionales, etc.) y la de los autoestereotipos.

MITOS SOBRE LA VEJEZ:

• Los ancianos, pierden la memoria y la inteligencia.                   

• Ya no se interesan por su vida sexual.                                     

• Están siempre tristes.                                                           

• Son incapaces de cambiar sus hábitos.                                    

• Para los ancianos, les es imposible aprender cosas nuevas.        

• Se vuelven más religiosos.

Pensemos que cada uno de nosotros, con un poco de suerte en un momento de nuestra vida seremos personas mayores y seremos vistas como tales por el resto de la sociedad. La cual actualmente valora la juventud y la belleza por encima de la vejez y la sabiduría. Entonces toca preguntarse cómo nos gustaría que nos vieran y nos trataran: como seres únicos, con nuestras propias fortalezas y debilidades, o bajo la lupa de las creencias estereotipadas que la sociedad tiene sobre nosotros, sin la posibilidad de demostrar lo que seguimos siendo y podemos ser. La respuesta es clara porque se encuentra en nosotros mismos.

viernes, 23 de agosto de 2013

"Envejezco aprendiendo sin tregua
Muchas cosas". Solón
 
“La vejez es aquella época dorada del
pensamiento, en que conoces todas las
respuestas, pero curiosamente nadie te pregunta”
Lawrence J. Peterh
 
Este blogger pretende demostrar que el envejecer es un proceso de todos y no solo de algunos; que el llegar a ser viejo es una etapa de vida posible de vivir, útil, satisfactoria y plácidamente. Se trata entonces de la vejez normal, saludable. No de la decrepitud, ni la caquexia, ni la senilidad morbosa, periodos extremos, patológicos, no forzosamente inherentes a la vejez, posibles de evitar o al menos de retardar y hacer menos penosos.
Mi objetivo parte de un supuesto y concreto -el viejo- cuya principal defensa es la capacitación propia para ser saludable y útil, la responsabilidad de sí mismo como hombre que sigue siendo dentro de la humanidad no sólo espectador de su acontecer, sino partícipe del mismo. Hombre con todos sus deberes y derechos, incorporado a la sociedad y no aislado, ni exiliado dela humanidad, ni "fuera de ella". No escribo de la supervivencia del viejo, sino de sus vivencias y valores como realidad específica, no en hipótesis abstractas o estereotipos impuestos.
En el último siglo y medio el promedio de la vida humana aumentado en cuarenta años. Es decir, hoy la vejez cuarenta años después y es mucho mas saludable y por tanto más capaz que antes. Durante ese tiempo la óptica, las acústica, la traumatología, la geriatría y entre muchas ramas más, permiten al viejo salir de su ceguera, de su sordera, de su cojera, de su traumatismo, de su invalidez. Pero se nos sigue presentando la clásica   imagen del viejo desdentado, en muletas, sordo, cegatón, mentecato, inútil, desechable. A pesar de la inexactitud de esa imagen de otro tiempo, ella sigue circulando como un cliché medieval prefabricado y el viejo mismo, pese a su benéfica realidad circundante, la secunda.
Espero que mi propósito no sea tan solo un ideal como muchos de mis lectores estarán creyendo, porque por el contrario es simplemente ilustrar al viejo para hacer una vida aceptable, la vejez de que trato no es la senilidad, ni la decrepitud, porque son fenómenos que el viejo puede evitar al menos aliviar. El viejo de este blogger es pues todo varón y mujer de años en posibilidad de vivir mejor y más, aunque él o ella no lo crean.
No es fácil para mí escribir este blogger. Tengo la pretensión de ser humanista, al menos como observador del hombre. Porque no soy geriatra, ni gerontóloga, soy mas bien una estudiante de psicología que a sus 25 años no tendrá la mas larga experiencia, pero sí experiencia que de seguro me ayudara junto con la información que indague a complementar con éxito este pequeño pero significativo compartir.
Si al ir leyendo usted saca conmigo la redentora conclusión que el viejo es una persona que "sí puede" me habrá dado la mejor gratificación a mi tiempo en este trabajo......
Para poder no le propongo recursos heroico, ni método sobrehumanos, simplemente un poco de información sobre algunas de las posibilidades para su edad.
 
Este blogger tiene que empezar así, no podría ser de otra forma, mi abuelo me inspiro a un sí se puede mirar tu realidad con positivismo, sin penas, con fuerza y garra, aunque ya no este conmigo, nunca es tarde para un enorme...... GRACIAS!!