Envejecer,
visto desde la perspectiva de una persona joven o adulta joven, puede suponer
un proceso todavía un tanto lejano, sin embargo si tenemos en cuenta que
múltiples funciones biológicas y fisiológicas a partir de los 30 años empiezan
a funcionar con una capacidad que se va reduciendo, debemos replantearnos eso
de que el proceso de envejecimiento es algo lejano en nuestras vidas, porque
todos estamos envejeciendo desde que nacemos.
No se puede evitar envejecer, se puede evitar y cuidar del envejecimiento patológico (no natural).Envejecer es un hecho, pero hay que verlo no sólo desde el punto de vista negativo, porque la sabiduría sólo se puede poseer disponiendo y gastando en general bastante tiempo. Hay que verlo además como un continuo proceso de desarrollo, donde se pueden encontrar nuevas oportunidades, nuevos intereses, y si se ha perdido a la pareja, nuevos amores también; que hacen la vida cada día más interesante. Al considerar la etapa del envejecimiento se nos plantea un problema social de primer orden, en cuanto las personas mayores como grupo diferente e importante en el ámbito demográfico (poblacional) con intereses propios, se exige a la sociedad que se garantice el incremento de su bienestar, el desempeñar roles que den sentido a sus vidas, el desarrollar actitudes distintas a las actuales con las que se dé fin a la marginalidad, a la inseguridad, a la falta de calidad de vida y a todos los prejuicios, mitos y estereotipos, que forman parte del imaginario social que envuelve el proceso de envejecer.
Lamentablemente es en la familia donde
se observa más agresiones de toda índole. Una forma de agresión sutil pero muy
invasiva es ir desplazándolos a lugares secundarios, restándoles importancia a
sus opiniones y en el extremo de esto, el hacerles callar. Así pasan por una
segunda jubilación: la primera laboral y la segunda familiar: Lo cual va
creando un terreno propicio para el desarrollo de la Depresión, que puede tener
consecuencias fatales. No les propician una adecuada calidad de vida. Una forma
evidente de invasión es la violación de la intimidad; la sociedad filocéntrica
(centrada en los hijos) promueve que en los hogares vivan 3 generaciones: los
abuelos, los hijos y los nietos: No es raro que estos sean colocados en la
habitación de los primeros, "para acompañar a los abuelos",
invadiendo así su privacidad y limitando a los mayores en sus acercamientos
íntimos; no saben o no consideran que el deseo sexual no desaparece con la edad
y se asocia la actividad sexual sólo con el coito penetrativo, y existen otros
modos de disfrutarla como los abrazos, los besos, las caricias. Los
"propios sobrevalorados"; sucede muchas veces que hijos cuyos padres
les brindaron oportunidades profesionales, ahora se muestran soberbios, ante la
poca cultura de sus padres, llegando a no presentarlos y a no incluirlos en sus
relaciones sociales, ahora se avergüenzan del inculto que los culturizó. Esto
hiere profundamente la sensibilidad de los adultos de la tercera y cuarta edad,
que comienzan a aislarse y a deprimirse. La frialdad afectiva o indolencia
afectiva: no los acarician, no los escuchan, hay una suerte de ignorancia
frente a las necesidades de afecto, de compañía y hasta de protección de los adultos
de esta etapa. No preocuparse de sus atenciones médicas y se descuidan de sus
medicamentos, es una forma también de violencia.
El extremo de la violencia:
maltratarlos físicamente, verbalmente, psicológicamente. Otra manera es
asilarlos, como una carga pesada que ellos (los hijos) no pueden llevar. No hay
peor soledad, que la soledad impuesta, teniendo familia de toda la vida. No
pueden disfrutar al final de la misma de las personas que son muy importantes
en su corazón, les espera así un final sin el consuelo de despedirse de los que
tanto amaron.
Rodero, M.A.. La tercera
edad (en línea). Disponible en: http://www.finteramericana.org./librosdoc/publica/publica_comple18.htm.
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