viernes, 30 de agosto de 2013

La Familia como Factor Negativo


Envejecer, visto desde la perspectiva de una persona joven o adulta joven, puede suponer un proceso todavía un tanto lejano, sin embargo si tenemos en cuenta que múltiples funciones biológicas y fisiológicas a partir de los 30 años empiezan a funcionar con una capacidad que se va reduciendo, debemos replantearnos eso de que el proceso de envejecimiento es algo lejano en nuestras vidas, porque todos estamos envejeciendo desde que nacemos.

No se puede evitar envejecer, se puede evitar y cuidar del envejecimiento patológico (no natural).Envejecer es un hecho, pero hay que verlo no sólo desde el punto de vista negativo, porque la sabiduría sólo se puede poseer disponiendo y gastando en general bastante tiempo. Hay que verlo además como un continuo proceso de desarrollo, donde se pueden encontrar nuevas oportunidades, nuevos intereses, y si se ha perdido a la pareja, nuevos amores también; que hacen la vida cada día más interesante. Al considerar la etapa del envejecimiento se nos plantea un problema social de primer orden, en cuanto las personas mayores como grupo diferente e importante en el ámbito demográfico (poblacional) con intereses propios, se exige a la sociedad que se garantice el incremento de su bienestar, el desempeñar roles que den sentido a sus vidas, el desarrollar actitudes distintas a las actuales con las que se dé fin a la marginalidad, a la inseguridad, a la falta de calidad de vida y a todos los prejuicios, mitos y estereotipos, que forman parte del imaginario social que envuelve el proceso de envejecer.

Lamentablemente es en la familia donde se observa más agresiones de toda índole. Una forma de agresión sutil pero muy invasiva es ir desplazándolos a lugares secundarios, restándoles importancia a sus opiniones y en el extremo de esto, el hacerles callar. Así pasan por una segunda jubilación: la primera laboral y la segunda familiar: Lo cual va creando un terreno propicio para el desarrollo de la Depresión, que puede tener consecuencias fatales. No les propician una adecuada calidad de vida. Una forma evidente de invasión es la violación de la intimidad; la sociedad filocéntrica (centrada en los hijos) promueve que en los hogares vivan 3 generaciones: los abuelos, los hijos y los nietos: No es raro que estos sean colocados en la habitación de los primeros, "para acompañar a los abuelos", invadiendo así su privacidad y limitando a los mayores en sus acercamientos íntimos; no saben o no consideran que el deseo sexual no desaparece con la edad y se asocia la actividad sexual sólo con el coito penetrativo, y existen otros modos de disfrutarla como los abrazos, los besos, las caricias. Los "propios sobrevalorados"; sucede muchas veces que hijos cuyos padres les brindaron oportunidades profesionales, ahora se muestran soberbios, ante la poca cultura de sus padres, llegando a no presentarlos y a no incluirlos en sus relaciones sociales, ahora se avergüenzan del inculto que los culturizó. Esto hiere profundamente la sensibilidad de los adultos de la tercera y cuarta edad, que comienzan a aislarse y a deprimirse. La frialdad afectiva o indolencia afectiva: no los acarician, no los escuchan, hay una suerte de ignorancia frente a las necesidades de afecto, de compañía y hasta de protección de los adultos de esta etapa. No preocuparse de sus atenciones médicas y se descuidan de sus medicamentos, es una forma también de violencia.

El extremo de la violencia: maltratarlos físicamente, verbalmente, psicológicamente. Otra manera es asilarlos, como una carga pesada que ellos (los hijos) no pueden llevar. No hay peor soledad, que la soledad impuesta, teniendo familia de toda la vida. No pueden disfrutar al final de la misma de las personas que son muy importantes en su corazón, les espera así un final sin el consuelo de despedirse de los que tanto amaron.

Rodero, M.A.. La tercera edad (en línea). Disponible en: http://www.finteramericana.org./librosdoc/publica/publica_comple18.htm.

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