Si supiera que hoy fuera la última vez que te voy a ver dormir, te abrazaría fuertemente y rezaría al señor para poder ser el guardián de tu alma.
Reconociendo que el deseo de amar y de ser
correspondido es inherente al ser humano en cualquier momento de la vida, la
etapa de la vejez no queda al margen de esta condición humana. Sin embargo, es
evidente que el amor en la vejez
es más tranquilo, reflexivo, lejos de la
pasión de la juventud, y que con mucha frecuencia se convierte en
compañía, como lo muestra el excelente libro de Gabriel García Márquez, “El amor en tiempos del cólera”.
Cualquier persona puede vivir
su última etapa de vida gracias al valor que aporta el amor, cultivar el amor
en la tercera edad es un verdadero regalo, puesto que no existe mayor medicina
para vivir feliz que la ilusión que aporta un corazón correspondido.
Es evidente que los adultos mayores han tenido más tiempo y
oportunidades que los jóvenes para aprender a amar de verdad. Han aprendido a
compartir también la enfermedad, los achaques, las despedidas de los hijos, la
muerte de amigos, en fin, su paulatina disminución de actividad e incluso de
fuerza, para apoyarse logrando una comunión total. Es así como el amor
otorga al adulto mayor un sentido trascendente de la vida.
Sin embargo, al hablar de
amor en la tercera edad surgen una serie de mitos y prejuicios que sólo revelan
el desconocimiento del tema a nivel social, ya que por lo general se asocia el
amor con la juventud, y se castiga cuando se da en etapas más avanzadas.
El
verdadero amor no se apoya en lo físico, puesto que esta atracción es muy
cambiante y depende de muchas variables, algunas externas. En cambio, sí se
basa en lo espiritual, donde la relación se da a un nivel más profundo,
soportada por los sentimientos y los pensamientos.
Esta
espiritualidad requiere de un trabajo constante para perdurar y fortalecerse.
Cuando
se llega a los 60 años o más, se ha aprendido a amar de verdad, de una manera
más completa, que trasciende el enamoramiento y la pasión de los años jóvenes,
donde son los instintos los que nos impulsan.
El
amor de juventud es mayoritariamente sentimental o corporal, donde se busca la
felicidad propia principalmente.
En
la edad adulta, el amor madura y se transforma, debido a que se ha escapado al
imperio de las pasiones y el romanticismo exagerado.
Las
parejas de la tercera edad, han aprendido a compartir, tanto los buenos
momentos y recuerdos, como las enfermedades, achaques y las pérdidas. A esto se
suma la disminución física que trae aparejada una merma en las actividades.
Todos estos factores favorecen el compañerismo y la cooperación de la pareja.
Machado, L. Duelo
psicológico y sexualidad (en línea). Disponible en: http://www.encolombia.com/medicina-reproductia24299-duelo.htm.

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