En esta etapa, el
apetito, así como la cantidad de alimentos ingeridos tiende a declinar, por lo
que debe tenerse especial cuidado de entregar una dieta balanceada y atractiva
que aporte una nutrición equilibrada y saludable. Cuando los adultos mayores
incorporan dietas saludables pueden revertirse o retrasarse muchos de los
cambios asociados al proceso de envejecimiento, asegurando de este modo, que
muchos de ellos puedan continuar viviendo en forma independiente y disfrutando
de una buena calidad de vida, que les permita compartir activamente dentro de
la familia y de la comunidad.
En lo posible deben
comer cuatro veces al día: desayuno, almuerzo, once y cena y una colación a
media mañana. Las personas mayores suelen no comer en la noche, sin embargo, es
importante mantener siempre una comida liviana al atardecer que evitará un largo
período de ayuno y mejorará una serie de funciones metabólicas en el organismo.
El consumo de productos
lácteos descremados como leches o yogurt es importante, ya que si bien la
absorción de calcio está disminuida a esta edad, una mayor ingesta diaria
significará una mayor ingesta absoluta de calcio. Los productos sin lactosa
(deslactosados) presentes en los supermercados son una buena alternativa para
los que presenten molestias digestivas producidos por la lactosa como flatulencia
y malestares. Un aporte adecuado de lácteos es también una buena fuente de
proteínas que contribuirá a evitar la pérdida de masa muscular.
Las personas mayores
son más vulnerables a la deshidratación como resultado de una disminución de la
función del riñón y porque tienen un menor contenido de agua corporal. Debe
recomendarse que se consuma bastante líquido, al menos que esté contraindicado
por problemas renales o cardíacos.
Los adultos mayores reducen su ingesta de alimentos y de actividad física
de manera considerable, situación que los predispone a padecer desnutrición,
anemia y otras deficiencias de micro nutrimentos. En este sentido, es
importante conocer los determinantes de la alimentación en el adulto mayor para
de esta manera, incidir en la mejora de su calidad de vida.
Otras de las pérdidas que sufre el adulto mayor son las sensoriales del
gusto, olfato y sensibilidad, las cuales determinarán el apetito y la selección
de sus alimentos. Esto origina a que prefieran los alimentos dulces, además de
agregar más sal y grasa a sus preparaciones.
Ante todo, la comida
debe ser fácil de asimilar por la persona. Esto significa que sus piezas
dentarias o prótesis deben estar en buen estado. Hay que considerar que
alimentos duros o muy secos no son los apropiados. Por lo tanto, una buena
opción es la dieta semisólida o blanda (Ejemplo: carne molida, verduras y
frutas ralladas o cocidas.)
Milagros, M. (2001).
Envejecimiento y cambios psicológicos (en línea). Disponible en: http://psicomundo.com/tiempo/monografías/cambios.htm.

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