Es importante tener en cuenta que en esta etapa
del desarrollo las reacciones del duelo serán más sostenidas en el tiempo, esto
debido a que el anciano tiene más dificultades para adaptarse a los cambios. La
pérdida es el tema predominante en la vida emocional del anciano. Para el
anciano la muerte no solo le pone término a la vida, sino que ahora está más
presente que nunca. El duelo en el anciano es similar al del niño, debido a que
en la senectud se produce una vuelta a la dependencia. John Bowlby (1980)
plantea que esa actitud de búsqueda o vuelta a la dependencia, se debe a la
expresión de la respuesta instintiva a la separación que observamos en la infancia.
Este impulso no solo se provoca cuando perdemos a la figura de apego más
importante en cualquier etapa de la vida, sino que es específico de los seres
humanos. Esto produce una disminución de la capacidad para el duelo. La
dependencia que presenta el anciano lo lleva a desarrollar conductas no
patológicas y adaptativas a la pérdida. También necesitan un sustituto que les
brinde seguridad, ya que la pérdida de la persona querida amenaza esta
seguridad. No obstante, en otros casos, no parece haber un intento de búsqueda
de sustituto, presentándose conductas autodestructivas, en un aparente intento
de reunión con la persona perdida, sin mostrar signos de dolor por esta
pérdida. El anciano en condición de dependencia, parecería estar más preparado
para su propia muerte que la del objeto de su dependencia.
Bowlby, J. (1999). Vínculos afectivos: Formación desarrollo
y pérdida (3ª Ed.). Madrid:Morata
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