sábado, 28 de septiembre de 2013

Vejez VS Juventud

¿La vejez es el ocaso de la vida? ¿Son compatibles esplendor y ancianidad? ¿Es posible mantenerse bello y joven en esa etapa de la vida?


El terror a envejecer es una especie de “síndrome existencial” de orden psicológico y ontológico -valga la terminología para expresar la gravedad-.

Es un desorden multifactorial, provocado en gran medida por los medios de comunicación que, con tal de vender, nos enseñan hasta el cansancio que la felicidad es tener “un cuerpo espectacular, una cara formidable, una personalidad perfecta”.

La industria de la moda nos invita a buscar la plenitud en una serie de “trapos” cortados de distinta manera, según la mirada de un grupo de diseñadores, unos con buen gusto otros no, pero siempre generando la necesidad de lucir no sólo bien, sino al último grito de la moda, de tal forma de crear cierto “respeto, admiración y sentido de pertenencia” a grupos exclusivos, donde el lucir del tal o cual manera te vuelve más importante ante los demás.

La superficialidad, el cumplimiento de los caprichos, la evitación de todo sufrimiento, el insistir en que la vida es rosa, la falta de formación de carácter, de voluntad, el querer compensar a los seres queridos con juguetes, ropa, joyas, etc. ante la ausencia o algún mal comportamiento.

Tristemente también, en muchos casos, el ejemplo de las hermanas mayores y de las madres de familia, que buscan “lucir espectaculares” pues creen así valer más.

Dejando de lado, por supuesto, la pobreza espiritual, la sobriedad, la templanza, la prudencia y la aceptación de la realidad; valores y virtudes indispensables para vivir una vida verdaderamente plena y acorde con la naturaleza humana; que promueven en la persona un comportamiento sano con respecto a su aspecto.

La problemática no sólo se expresa en que las personas ya no valoran la vida como lo que es, un don sagrado, un don de amor, un don invaluable… Ahora parece ser más valiosa o menos valiosa según su juventud, el aspecto de su rostro y de su cuerpo…

¿Qué pasó con la ternura que encerraban las palabras "viejito" o "anciano"?



A mí siempre me gustaron y me inspiraron respeto. Aprendí la importancia que tienen los ancianos en la vida de los niños, ya que son íntimo eslabón de su pasado y símbolo viviente de la trascendencia del ser humano.

Sin embargo parece que las cosas han cambiado y que no debemos hablar de vejez o ancianidad, sino de Tercera Edad, como si con esto fuéramos a detener el proceso más natural que existe: el crecimiento.

Si comparamos el proceso vital de una persona con un círculo, veremos que éste se inicia con el nacimiento y termina con la muerte.

Como todos sabemos la vida puede interrumpirse en cualquier instante. Aunque podemos alcanzar la plenitud espiritual desde las primeras etapas, para mí lo ideal es llegar hasta la ancianidad y desarrollarnos en todos los aspectos intelectual, espiritual, socialmente.

Lo mismo ocurre con la salud. Todos deseamos una vida larga y sana, pero tememos que la salud nos abandone con la edad, sin embargo, las enfermedades pueden atacarnos en cualquier momento.

A cada uno de nosotros nos ha tocado ver infortunados casos de niños enfermos, jóvenes paralíticos, adultos sordos o ciegos y esto les ocurrió antes de envejecer.

Por otro lado también hay personas mayores sanas y activas. La ancianidad o Tercera Edad no es, pues, sinónimo de enfermedad o decrepitud.

Preparémonos para la vejez
Es esencial que proyectemos nuestra existencia de manera que podamos disfrutar lo que cada etapa de la vida tiene que ofrecernos, sin menospreciar ninguna de ellas. Lyn Yutang lo expresa de la siguiente forma:

«Tenemos que planear de tal modo nuestro patrón de la vida que el período de oro esté por delante, en la ancianidad, y no detrás de nosotros, en la juventud y la inocencia».

«Porque si tomamos la actitud contraria nos comprometemos, sin saberlo, en una carrera contra la despiadada marcha del tiempo, temerosos siempre de lo que hay en el futuro. Una carrera, casi no es necesario señalarlo, que no nos deja esperanzas y en la que todos somos derrotados».

«Nadie puede dejar de envejecer; sólo puede hacerse la trampa de no admitir que se envejece. Y como de nada vale luchar contra la naturaleza, bien podríamos envejecer graciosamente».

La ancianidad es la culminación de la vida. Esta es mi visión de la vejez y por eso la espero con agrado. No tengo prisa porque llegue, pero tampoco le temo. ¡Ojalá la vida no me decepcione!

Viejo es quien perdió la jovialidad.

Ser mayor es quien tiene mucha edad;
viejo es quien perdió la jovialidad.
 
La edad causa la degeneración de las células;
la vejez produce el deterioro del espíritu.
Usted es mayor cuando se pregunta: ¿vale la pena?
Usted es viejo cuando sin pensar, responde que no.
Usted es mayor cuando sueña;
usted es viejo cuando apenas consigue dormir.
Usted es mayor cuando todavía aprende,
Usted es viejo cuando ya no enseña.
Usted es mayor cuando consigue hacer ejercicios;
Usted es viejo cuando la mayor parte de su tiempo lo pasa sentado o acostado.
Usted es mayor cuando el día que comienza es único;
es viejo cuando todos los días son iguales.
Usted es mayor cuando en su agenda tiene proyectos y obligaciones para cumplir mañana, pasado o la semana que viene;
es viejo cuando su agenda está en blanco y solo vive pensando en el ayer.
El mayor trata de renovarse cada día que comienza,
El viejo se detiene a pensar que ese puede ser el último de sus días y se deprime, porque mientras...
El mayor pone la vista en el horizonte, donde el sol sale e ilumina sus esperanzas,
el viejo tiene cataratas que miran las sombras del ayer.
En suma, el mayor puede tener la misma edad cronológica que el viejo, pues sus diferencias están en su espíritu o en su corazón.
¡¡¡Que todos vivan una larga vida y nunca lleguen a ser "VIEJOS"
y el que está viejo...
que aprenda a disfrutar como "MAYOR", cada minuto de su día!!!

Javier Pérez de Cuéllar recibió un premio por su trayectoria de vida


Como siempre, hizo gala de caballerosidad, sabiduría, cultura y humildad. El embajador Javier Pérez de Cuéllar fue homenajeado en la noche del último miércoles, en el hotel Los Delfines, en San Isidro, durante la ceremonia de entrega del Premio Adulto Mayor Prima AFP 2013.
El ex secretario general de la Organización de Naciones Unidas (ONU) recibió el Colibrí de Oro, galardón que se entregó por primera vez en este ya tradicional premio a las personas de la tercera edad, que este año cumplió su séptima edición.
Con el Colibrí de Oro, los organizadores del premio buscan resaltar la trayectoria de vida de peruanos que han destacado en actividades en el mundo y que han dejado el nombre del Perú en alto.

VOCACIÓN DE SERVICIO:

A sus 93 años, Pérez de Cuéllar, quien ocupó el máximo cargo de la diplomacia mundial durante dos períodos, entre 1982 y 1991, se mostró agradecido por el galardón y señaló que su vida siempre ha estado marcada por el servicio al Perú.
“Estoy agradecido. Ha sido un especial honor para mí que me escojan. He sido servidor de nuestro país como todos ustedes. Todos somos peruanos, y ese sentimiento se va generalizando y va a llevar a nuestro país a una edad de oro”, dijo el embajador en la premiación.

“Mi mayor deseo es que los peruanos tengamos un sentimiento de fraternidad, de unidad. Soy un señor muy mayor, pero creo que todavía puedo servir a mi país. Si me necesitan aquí estoy”, expresó Pérez de Cuéllar, ex primer ministro y ex embajador peruano en Francia, Suiza, Polonia y la ex URSS.

Se trató de la primera aparición pública en mucho tiempo del ex canciller, quien quedó viudo por segunda vez el 3 de julio pasado, día en que murió en Bruselas, Bélgica, su segunda esposa Marcela Temple, quien presidía el Comité Peruano del World Monuments Fund. Pérez de Cuéllar y Temple estuvieron casados 37 años.
Cabe recordar que el embajador postuló a la presidencia del Perú en 1995.
 
http://elcomercio.pe/actualidad/1636760/noticia-javier-perez-cuellar-recibio-premio-su-trayectoria-vida

lunes, 23 de septiembre de 2013

Cuando seas viejo en la carne, sé joven en el alma.

 
 
A menudo se echa en cara a la juventud el creer que el mundo comienza con ella. Cierto, pero la vejez cree aún más a menudo que el mundo acaba con ella. ¿Qué es peor?
 

Cuando sea viejo ........

 
Un poco de idilio y mucho de temor. Y sobre todo una gran negación. Eso parece ser lo que los jóvenes imaginan de la vejez. Atrás quedaron la foto de una abuela tierna y el ejemplo a seguir del abuelo.
Pero mi pregunta es ....... ¿Qué esperas tú cuando seas viejo?
 

sábado, 21 de septiembre de 2013

Dile NO al maltrato contra el Adulto Mayor





A medida que las personas envejecen, pueden desarrollar problemas de salud que provocan una disminución de su fuerza física, de su visión y de su capacidad para razonar. Estos cambios pueden hacer que los adultos mayores sean vulnerables. Es posible que dependan de otros para su cuidado o que sean incapaces de distinguir cuando otra persona está aprovechándose de ellos.


Cualquiera puede maltratar a personas mayores. Se estima que 2 de cada 3 maltratadores son familiares, como hijos adultos o esposos que cuidan del adulto mayor.

Por eso si usted ha visto o sospecha algún maltrato a personas mayores, denúncielo  

Alzheimer: Un reto de AMOR


Anualmente se diagnostican entre 3.8 millones y 6.2 millones de nuevos casos con el mal de Alzheimer, de acuerdo con el más reciente “Reporte sobre demencias” publicado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El 21 de septiembre se celebra a escala mundial esta enfermedad. Se estima que en 40 años, 682 millones de personas vivirán con demencia, de las cuales entre 409 millones y 477 millones podrían ser pacientes de Alzheimer. Esto significaría que en cuatro décadas, la población que vive con esta enfermedad podría alcanzar el tamaño de la población actual de Estados Unidos. La ADI estimó que en Centroamérica, para 2050, el número de casos nuevos con la enfermedad de Alzheimer crecerá en un 435 %, llegando a la cifra de 6.37 millones de pacientes.
De acuerdo con el “Reporte mundial del Alzheimer 2012” de la organización Alzheimer's Disease International (ADI), los sistemas de salud actuales no están preparados para atender –lo que ellos denominan– “esta epidemia”, sobre todo porque la demencia es la principal causa de dependencia en las personas mayores y no existen tantos cuidadores como nuevos pacientes diagnosticados

viernes, 13 de septiembre de 2013

¿Cuántos años tengo?

 
 
Jamás un hombre es demasiado viejo para recomenzar su vida y no hemos de buscar que lo que fue le impida ser lo que es o lo que será.
Miguel de Unamuno

La Psicología y la Vejez

 
Una bella ancianidad es, ordinariamente, la recompensa de una bella vida.
  
Pitágoras de Samos (582 AC-497 AC) Filósofo y matemático griego.

Triste Soledad

 
La vejez existe cuando se empieza a decir: nunca me he sentido tan joven.
  
Jules Renard (1864-1910) Escritor y dramaturgo francés.

Autoestima en el Adulto Mayor

 
Nada nos hace envejecer con más rapidez que el pensar incesantemente en que nos hacemos viejos.
  
Georg Christoph Lichtenberg (1742-1799) Profesor de física y científico alemán.

Porque tú eres un TRIUNFADOR

 
 
Vieja madera para arder, viejo vino para beber, viejos amigos en quien confiar, y viejos autores para leer.
Sir Francis Bacon (1561-1626) Filósofo y estadista británico.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Una Triste Historia


A veces miro a mi madre y me pregunto quién es y, sobre todo, dónde está. La vejez le jugó una mala pasada. Se llevó una parte de su memoria, mezcló su pasado y su presente, haciendo incierto su futuro.

Demencia senil, dicen los médicos; un gran dolor, digo yo.

Hay enfermedades que dañan el cuerpo, y otras que lastiman la mente y, en parte, el alma.

Mi madre está internada, y todos los días voy a visitarla.

Antes de entrar, no puedo evitar preguntarme a quién voy a encontrar, y no siempre parece ser mi madre.

Muchas veces no sabe quién soy, ni cómo me llamo. Otras, cree que yo soy su madre, otras, su hermana. Va y viene en el tiempo, entre recuerdos, fantasías y realidades.

Trato, casi siempre infructuosamente, de traerla conmigo, de recordarle no solo quien soy yo, sino también quién es ella.

Es muy doloroso ver a alguien, a quien tanto amamos, perdido, vagando por mundos a los que no podemos acceder y que, presumo, no son nada agradables.

Hay momentos en los que me agrede, y, si bien me duele el alma, sé que no es ella quien lo está haciendo.

Suelo pensar que hubiese sido preferible que su cuerpo enfermase y no su mente. En un cuerpo enfermo, aun en los más castigados, uno puede seguir siendo uno mismo, nuestra esencia puede mantenerse intacta. El cuerpo de mi madre goza de buena salud, pero ella tampoco es consciente de ello.

No puedo hacer más que acompañarla, no es poco, pero no alcanza para que regrese de verdad a mi lado.

Me siento sola, como si ella ya no fuese parte de este mundo. No soy una niña, lejos estoy de serlo, pero me he dado cuenta de que no hay edad para necesitar a una madre y yo quisiera que ella estuviese conmigo.

La extraño, pero sé que la extrañaré aún más cuando se haya ido definitivamente y que mi desamparo será aun mayor.

Entonces, cada vez que esa sensación de desamparo me alcanza, tomo su mano y la aferro a la mía.

Algunas veces, solo algunas, ella me mira, me reconoce y sonríe.

Solo en esas ocasiones no me pregunto dónde está, simplemente, porque, en ese preciso momento, está conmigo, con todo lo que eso significa.

El Tejido de la Abuela


 
 
Ahora la comprendo. Recién ahora que vivo de recuerdos y no de proyectos. Jamás entendí a mi abuela, pero ahora que tengo casi su edad, comprendo todo perfectamente.

Siempre viene a mi memoria la imagen de mi abuela tejiendo. Tejía todo el día, sentada en su sillón maltrecho, pero preferido. Me llamaba la atención que tejía sin mirar, como de memoria, como si la vista no fuese un sentido necesario para realizar esa labor. Su mirada se perdía en horizontes, presumo, lejanos y ya inexistentes.

Tejía y tejía y yo me preguntaba para qué, pero sobre todo para quién. Nadie usaba sus bufandas, sacos y mañanitas, pero los ella seguía tejiendo. Lo más extraño es que tejía a sabiendas que esas prendas no tendrían uso alguno.

Era interesante observarla. El movimiento de sus manos, la cadencia de las agujas que suavemente subían, bajaban y se metían en de la trama de la prenda, como quien entra a un lugar que le es amigable, familiar.

El tejido de turno, reposaba siempre en su regazo, lánguido, adormilado. Ella no lo mirada, jamás controlaba si algún punto se había zafado o si se le había enredado el ovillo de lana.

Parecía que tejer la transportaba a otro mundo donde ni siquiera el propio tejido era parte. ¿Para qué y para quién tejía? Me cuestioné una y otra vez durante toda mi infancia y hasta que ella murió.

No es que no se lo haya preguntado, sino que jamás comprendí sus respuestas. Cada vez que se lo preguntaba, la respuesta era diferente al anterior.

– ¿Para qué tejes abuela?

– Por si refresca – Contestaba sin mirarme siquiera.

– ¡Pero, es verano abuela!

– Nunca se sabe hija, hay que estar preparada.

– ¿Para quién tejes abuela?

– Pregunté en cierta ocasión.

– María tendrá un bebé – Respondió distraída.

– María es apenas una niña, tiene tan sólo diez años

– Ya crecerá – Contestó muy segura.

– ¿A quién le tejes esa bufanda?

– Al tío Alfredo – Dijo sonriente

– Abuela, el tío Alfredo murió hace un año.

– Me la pidió antes de morir.

Todas sus respuestas eran confusas y atemporales. Un día, decidí no preguntar más. Me desconcertaba ese tejido eterno de sus días y alguna que otra noche.

Las agujas parecían una extensión de sus manos y el tejido, otra parte de su cuerpo. Le dolían las manos, se le notaba en el rostro. A veces dejaba de tejer tan sólo un momento, las acariciaba y como presa de un mandato interno volvía a tejer enseguida, como si algo la obligase a estar permanentemente tejiendo.

¿Por qué tejes abuela si te duelen las manos? – Le pregunté más de una vez.

La respuesta era siempre la misma.

– Si no tejo, me dolerá el corazón. Tampoco entendí esa respuesta ¿Qué tenía que ver el corazón con el tejido? Sin dudas, mi abuela era un ser inabarcable para mi.

Cuando se es un niño o un joven, las personas tendemos a ser presumidamente seguros, estúpidamente petulantes. Creemos que la niñez o juventud es una especie de documento habilitante para emitir opiniones, afirmar sin saber, sentenciar sin haber analizado.

Ahora me doy cuenta que eso fue lo que hice con mi abuela. Crecí con la imagen de esa mujer tejiendo “en vano”. La despedí con la tristeza de sentir que ella había perdido su tiempo. Recuerdo que una vez le pregunté a mi madre si la abuela había tenido siempre la costumbre de tejer.

– No pobre, jamás pudo – Dijo mi madre un poco triste y continuó.

– Siempre estuvo muy ocupada criando a sus hijos, ocupándose de la casa, cocinando, ayudándonos con la tarea. Vivió para los demás realmente. Desconcertada le dije:

– Entonces ¿Por qué no descansa ahora que ya no debe ocuparse de nadie? ¿Por qué se empecina en estar ocupada todo el tiempo tejiendo para nadie, en vez de aprovechar su tiempo libre y descansar?

Mi madre no me contestó.

El tiempo pasó para mi abuela, para mi madre y está por pasar para mi también. Recién ahora que estoy tan cerca de ser un recuerdo, comprendo perfectamente para qué y para quién tejía mi abuela. Lamento no haberlo hecho antes.

Tejía para sí, no para otros. Las bufandas, gorros y guantes eran una excusa para no sentirse vacía, inútil. Ahora entiendo ese mandato interior, yo lo escucho también.

Es muy difícil para alguien que vivió cuidando de otros, sentir que no se es necesaria. Cuando los años pasan y se acaban las tareas, las esperas, los cuidados, algo de nosotras se esfuma con el calendario. Cuando los hijos crecen y parten, se llevan mucho –demasiado- de nosotras.

Dicen que así es la vida, y así ha de ser, pero es difícil -no de entender- sino de transitar. Siento pena por mi abuela, siento tristeza por no haberla comprendido, pero claro, no era mi tiempo de entender ciertas cosas.

Ahora la recuerdo de otra manera, la comprendo desde lo más profundo de mi ser. Levanto la mirada como para verla en algún lugar y luego la bajo y se pierde en el tejido que reposa en mi regazo.

LA VASIJA CON RAJADURAS

 

Cuenta la leyenda india que un hombre transportaba agua todos los días a su aldea usando dos grandes vasijas, sujetas en las extremidades de un pedazo de madera que colocaba atravesado sobre sus espaldas.
Una de las vasijas era más vieja que la otra, y tenía pequeñas rajaduras; cada vez que el hombre recorría el camino hasta su casa, la mitad del agua se perdía.
Durante dos años el hombre hizo el mismo trayecto. La vasija más joven estaba siempre muy orgullosa de su desempeño, y tenía la seguridad de que estaba a la altura de la misión para la cual había sido creada, mientras que la otra se moría de vergüenza por cumplir apenas la mitad de su tarea, aun sabiendo que aquellas rajaduras eran el fruto de mucho tiempo de trabajo.
Estaba tan avergonzada que un día, mientras el hombre se preparaba para sacar agua del pozo, decidió hablar con él:
-Quiero pedirte disculpas ya que, debido a mi largo uso, sólo consigues entregar la mitad de mi carga, y saciar la mitad de la sed que espera en tu casa.
El hombre sonrió y le dijo:
-Cuando regresemos, por favor observa cuidadosamente el camino.
Así lo hizo. Y la vasija notó que, por el lado donde ella iba, crecían muchas flores y plantas.
-¿Ves como la naturaleza es más bella en el lado que tú recorres? –comentó el hombre-. Siempre supe que tú tenías rajaduras, y resolví aprovechar este hecho. Sembré hortalizas, flores y legumbres, y tú las has regado siempre. Ya recogí muchas rosas para adornar mi casa, alimenté a mis hijos con lechuga, col y cebollas. Si tú no fueras como eres, ¿cómo podría haberlo hecho?


"Todos nosotros, en algún momento, envejecemos y pasamos a tener otras cualidades. Es siempre posible aprovechar cada una de estas nuevas cualidades para obtener un buen resultado".


(Autor: Paulo Coelho. Publicado en "El Semanal", nº 729.)

Edad no son los años que se tiene, es la forma de vivirlos


Para Reflexionar......


1,2,3 Haciendo Ejercicio YA!


La mayoría de las personas adultas mayores pueden realizar algún tipo de actividad física y beneficiarse de ello.

El caminar a paso rápido, andar en bicicleta o pedalear en bicicleta fija, nadar, levantar pesas y trabajar en el jardín, son actividades sin riesgo si se las comienza lentamente. Si no está acostumbrado al ejercicio activo o si tiene enfermedades crónicas como diabetes, trastornos coronarios, es recomendable que consulte antes con su médico.

Si se trata de una persona mayor frágil los ejercicios adaptados a su nivel de movilidad también serán positivos.

Es evidente que un estado saludable tanto de cuerpo como de espíritu, favorece un envejecimiento activo

La actividad física reporta varios beneficios. En el área mental, se observa una reducción de la sintomatología ansiosa, ya que la actividad física regular eleva los niveles de endorfinas, noradrenalina y serotonina, lo que genera estabilidad de ánimo y favorece un sueño reparador.

Un punto muy importante a la hora de romper con las tendencias sedentarias de la vida moderna es saber qué ejercicios debe o no debe realizar una persona mayor de 65 años. Un ejemplo, para caminar no se necesita un mayor equipamiento ni asesoramiento de especialistas. Basta con tener buen zapato de marcha, con no moverse por superficies muy exigentes y asegurarse que las condiciones climáticas sean las adecuadas, ya que para un adulto mayor andar sobre un suelo resbaladizo bajo la lluvia puede ser una invitación a, por ejemplo, una fractura de cadera. La clave es partir lento y continuar en este ritmo.

También hay otros ejercicios que pueden hacerse en la casa, como sentarse y parase de una silla, subir o bajar un escalón, asegurándose, eso sí, de contar con los apoyos respectivos. En el hogar también se pueden utilizar elementos más sofisticados como la bicicleta estática, que es bastante segura, si se practica suavemente.

En general, son aconsejables los ejercicios de movimientos largos, que involucran grandes grupos musculares, pero sin forzarlos en exceso. Si se busca incrementar la fuerza física es necesario ejercer algún grado de presión contra el músculo, pero no se deben efectuar levantamientos de pesas muy importantes, ya que esto aumenta la presión arterial, otra patología importante en los adultos mayores. Por ello se recomienda más bien hacer ejercicios repetitivos y de tipo aeróbicos.

Hay que tener siempre en cuenta los recursos comunitarios disponibles. Por ejemplo, los programas de Gimnasia para el Adulto Mayor en las distintas municipalidades, los que son gratuitos o de bajo costo y ofrecen rutinas programadas y supervisadas de ejercicio físico.

Se recomiendan especialmente el Tai Chi, la Yoga, Pilates, el baile entretenido, Hidrogimnasia o gimnasia en el agua en piscinas temperadas. También rutinas de ejercicios de suelo con colchonetas, balones de gimnasia o gimnasia rítmica.

Son beneficios del ejercicio y actividad física en los adultos mayores:

o   Conserva y mantiene la fuerza para poder seguir siendo independientes y libres de discapacidad.

o   Se tiene más energía y motivación para realizar actividades.

o   Mejora nuestra coordinación, postura y equilibrio y disminuye el riesgo de caídas.

o   Sirve de apoyo para la prevención y tratamiento de la diabetes, el sobrepeso, la hipertensión arterial, la artrosis y la osteoporosis.

o   Ayuda a prevenir la enfermedad cardiaca, el cáncer de colon y de mama.

o   Favorece la función digestiva.

o   Mantiene la masa muscular.

o   Sirve de apoyo para el abandono del hábito de fumar.

o   Mejora el estado de ánimo y sensación de bienestar.

o   Mejora la calidad del sueño.

o   Si lo realizamos en grupos nos ayudan a hacer nuevos amigos y mejora nuestras redes sociales.

o   No es necesario comprar ropa especial ni pertenecer a un gimnasio para estar activos. La actividad física puede integrarse a nuestra vida cotidiana. El ejercicio no debe doler ni dejarnos muy cansados.