A mí siempre me gustaron y me inspiraron respeto. Aprendí la importancia que tienen los ancianos en la vida de los niños, ya que son íntimo eslabón de su pasado y símbolo viviente de la trascendencia del ser humano.
Sin embargo parece que las cosas han cambiado y que no debemos hablar de vejez o ancianidad, sino de Tercera Edad, como si con esto fuéramos a detener el proceso más natural que existe: el crecimiento.
Si comparamos el proceso vital de una persona con un círculo, veremos que éste se inicia con el nacimiento y termina con la muerte.
Como todos
sabemos la vida puede interrumpirse en cualquier instante. Aunque podemos
alcanzar la plenitud espiritual desde las primeras etapas, para mí lo ideal es
llegar hasta la ancianidad y desarrollarnos en todos los aspectos intelectual,
espiritual, socialmente.
Lo mismo ocurre con la salud. Todos deseamos una vida larga y sana, pero tememos que la salud nos abandone con la edad, sin embargo, las enfermedades pueden atacarnos en cualquier momento.
A cada uno de nosotros nos ha tocado ver infortunados casos de niños enfermos, jóvenes paralíticos, adultos sordos o ciegos y esto les ocurrió antes de envejecer.
Por otro lado también hay personas mayores sanas y activas. La ancianidad o Tercera Edad no es, pues, sinónimo de enfermedad o decrepitud.
Lo mismo ocurre con la salud. Todos deseamos una vida larga y sana, pero tememos que la salud nos abandone con la edad, sin embargo, las enfermedades pueden atacarnos en cualquier momento.
A cada uno de nosotros nos ha tocado ver infortunados casos de niños enfermos, jóvenes paralíticos, adultos sordos o ciegos y esto les ocurrió antes de envejecer.
Por otro lado también hay personas mayores sanas y activas. La ancianidad o Tercera Edad no es, pues, sinónimo de enfermedad o decrepitud.
Preparémonos para la vejez
Es esencial que proyectemos nuestra existencia de manera que podamos disfrutar lo que cada etapa de la vida tiene que ofrecernos, sin menospreciar ninguna de ellas. Lyn Yutang lo expresa de la siguiente forma:
«Tenemos que planear de tal modo nuestro patrón de la vida que el período de oro esté por delante, en la ancianidad, y no detrás de nosotros, en la juventud y la inocencia».
«Porque si tomamos la actitud contraria nos comprometemos, sin saberlo, en una carrera contra la despiadada marcha del tiempo, temerosos siempre de lo que hay en el futuro. Una carrera, casi no es necesario señalarlo, que no nos deja esperanzas y en la que todos somos derrotados».
«Nadie puede dejar de envejecer; sólo puede hacerse la trampa de no admitir que se envejece. Y como de nada vale luchar contra la naturaleza, bien podríamos envejecer graciosamente».
La ancianidad es la culminación de la vida. Esta es mi visión de la vejez y por eso la espero con agrado. No tengo prisa porque llegue, pero tampoco le temo. ¡Ojalá la vida no me decepcione!
Es esencial que proyectemos nuestra existencia de manera que podamos disfrutar lo que cada etapa de la vida tiene que ofrecernos, sin menospreciar ninguna de ellas. Lyn Yutang lo expresa de la siguiente forma:
«Tenemos que planear de tal modo nuestro patrón de la vida que el período de oro esté por delante, en la ancianidad, y no detrás de nosotros, en la juventud y la inocencia».
«Porque si tomamos la actitud contraria nos comprometemos, sin saberlo, en una carrera contra la despiadada marcha del tiempo, temerosos siempre de lo que hay en el futuro. Una carrera, casi no es necesario señalarlo, que no nos deja esperanzas y en la que todos somos derrotados».
«Nadie puede dejar de envejecer; sólo puede hacerse la trampa de no admitir que se envejece. Y como de nada vale luchar contra la naturaleza, bien podríamos envejecer graciosamente».
La ancianidad es la culminación de la vida. Esta es mi visión de la vejez y por eso la espero con agrado. No tengo prisa porque llegue, pero tampoco le temo. ¡Ojalá la vida no me decepcione!
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