El proceso de
envejecimiento consiste, básicamente, en una progresiva pérdida neuronal. La
pérdida de células cerebrales unido a la fabricación de menos substancias químicas
de las que sus células cerebrales necesitan para funcionar tienen, como
consecuencia directa, la pérdida de capacidad de nuevas conexiones y la pérdida
de información o asociaciones de las ya establecidas. De este modo, el envejecimiento
puede afectar la memoria cambiando la forma en cómo su cerebro almacena la
información y haciendo más difícil recordar la información almacenada. Esto es
algo que le ocurre entre el 25 y el 60% de los mayores de 65 años según los
cálculos de Guillén y colaboradores (1995).
Por un lado,
encontramos la teoría del enlentecimiento de la velocidad de procesamiento de
Cerella (1990) y Salthouse (1995). Según esta teoría, el envejecimiento se
acompaña de una reducción general de la velocidad de procesamiento, lo que tiene
como consecuencia amplios declines en diferentes rangos de funciones
cognitivas, y entre ellas la memoria. Pero el motivo de esta reducción proviene
de un enlentecimiento de las funciones sensoriales. Enlentecimiento que afecta
al resto de los procesos cognitivos.
Un elemento
importante para la vida diaria de los mayores es la forma en que perciben su capacidad
de memoria. En los mayores hay quejas significativas sobre diferentes aspectos
de la misma (Meilán y Mateos, 2002). Sobre todo encontramos quejas por lapsos
de memoria a la hora de:
§ Recordar nombres
de personas
§ Recordar el
lugar de algunos objetos
§ Recordar cosas
para comprar o tareas para hacer
§ Recordar números
de teléfono o direcciones
§ Evocar
información rápidamente
§ Perder
el hilo de una trama
En conclusión de
estos trabajos podemos reafirmar que en el proceso de envejecimiento los
déficit que sufre nuestra memoria tienen como principal consecuencia un enlentecimiento
a la hora de realizar aprendizajes nuevos y la aparición de olvidos en la vida
cotidiana (dificultad en el acceso a palabras poco usuales, olvido de acciones
que tenemos que realizar...). Por el contrario, en la vida diaria no tienen
menor capacidad para llevar a cabo los procesos de memoria más relevantes, dado
que si se les ofrecen técnicas adecuadas de codificación y recuperación mejoran
en su ejecución en memoria. En la mayor parte de las ocasiones es un problema
en la forma de utilización de la memoria antes que en la pérdida grave de sus
capacidades
§ Guillén
Llora, F. y Colaboradores. (1995). Guía de prescripción médica. IMC.
§ Meilán, J.J.G. y
Mateos, P.M. (2002). “Normas de ejecución del Ribermead
§ Behavioural
Memory Test (R.B.M.T.) para una muestra española de personas mayores:
Importancia de la memoria intencional”. Geriátrika, 18, 309-319
§ Salthouse, T.A. (2003). Memory aging from 18 to 80, Alzheimer
Dis. Assoc.
Disord. 17,
162–167.
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