martes, 22 de octubre de 2013

La Memoria en el Envejecimiento


Partiendo del esquema de Hunt (1997), en el que muestra los diferentes sistemas que conforman nuestra memoria, podemos hablar en primer lugar de la MEMORIA SENSORIAL (un almacén específico que conserva por un breve espacio de tiempo los estímulos que llegan a nuestros sentidos); la MEMORIA A CORTO PLAZO (MCP), un almacén de capacidad limitada (generalmente se evalúa por series de números o de palabras) que retiene la información a la que hemos atendido por un breve espacio de tiempo; y la MEMORIA A LARGO PLAZO (MLP), o almacén general de información.

Los trabajos realizados hasta la fecha permiten afirmar que no existen apenas déficits en la memoria sensorial asociados al envejecimiento (Poon, 1985). Algunos de los estudios realizados sobre esta memoria sensorial visual indican que con el aumento de la edad se produce un incremento en el tiempo requerido para identificar un estímulo visual, que se relaciona más, con aspectos atencionales y perceptivos, que con déficits de memoria (Hultsch y Dixon, 1990).

En la memoria a largo plazo no hay grandes déficits asociados a la edad, aunque, cuando la complejidad de la tarea aumenta, el recuerdo también se va deteriorando; además los problemas parecen estar más relacionados con la recuperación que con el reconocimiento. Los aspectos de la MLP que aparecen como más afectados durante el envejecimiento son los episódicos (información ligada al contexto) y los procedimentales (información sobre destrezas). Sin embargo, según se desprende de los trabajos realizados hasta la fecha, la memoria semántica (independiente del contexto) no se pierde (Calero, 2000).

Es como si a los ancianos les importara menos su rendimiento y se esforzaran menos en retener, e incluso a veces parece que se les ha olvidado cómo retenerlo, pero cuando el material les interesa, significa algo para ellos, se les dan pistas o se les refresca cómo organizarlo, vuelven a mostrar una memoria similar a la que anteriormente mostraban (Calero, 2000)

No dejemos de tener presente que esta capacidad cognitiva se debe de estimular y entrenar para poder prevenir pérdidas mnésicas y para optimizar la “memoria” que cada persona mayor preserva

·         CALERO, M. D. (2000). Psicología de la vejez: el funcionamiento cognitivo. En
Fernández- Ballesteros, R. (directora). Gerontología Social. Madrid: Pirámide.

·         HUNT, E. (1997). The Status of the concept of intelligence. Conference in the annual Convention of the Japanes Psychological Association. Oxford: Blackwell Publisher.

·         POON, L. W. (1985). Differences in human memory with aging: nature, causes and clinical implications. En Birren J.E. y Shaie, K. W. (ed), 427-462.

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