En este momento
estamos viviendo una situación de tránsito cultural. Es decir, la humanidad
entera está pasando del período industrial a lo que se llama la civilización
científico-tecnológica, o la cultura post-industrial. y esto no se hace sin
dolor. El pasaje de una civilización a otra, el pasaje de un período a otro no
se hace sin una dolorosa transición.
Para aprender qué
cosas nos pueden pasar en esta transición cultural tenemos que ir a la
transición anterior y ver qué pasó antes cuando hubo un cambio cultural. El más
importante, como antecedente inmediato, es el pasaje de la sociedad rural a la
sociedad industrial. En la era rural había claramente una situación
privilegiada de la persona mayor. El jefe de familia era el abuelo, y en la
casa del abuelo vivían algunos de sus hijos ya casados, sus esposas o esposos,
y los nietos, compartiendo la gran casa familiar. La persona mayor tenía
experiencia, y esa experiencia no sólo tenía un valor moral (como puede tenerla
también hoy en día) sino un valor técnico, práctico, porque toda la
organización económica giraba alrededor del trabajo de la tierra, y los cambios
tecnológicos se hacían tan lentamente que la manera de trabajar la tierra por
el abuelo y por el nieto era básicamente la misma. La experiencia no daba
solamente autoridad moral, sino también autoridad técnica. Y la persona de edad
nunca era desplazada del hogar. ¿A quién se le iba a ocurrir en plena era rural
hacer una residencia para ancianos? Era impensable. El anciano era el jefe de
la casa; y además en la era rural el viejo siempre encontraba alguna tarea que
no exigía la plenitud de su fuerza física ni de su salud. El corte abrupto
entre la etapa laboral activa y la pasividad de la jubilación es propio de la
era industrial.
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