La personalidad se describe como
el conjunto estructurado de características (rasgos) de los que dispone un
individuo para sentir, pensar y comportarse según su propia manera. Varios
estudios han demostrado que el individuo al envejecer conserva las tendencias
de su personalidad a lo largo de la vida adulta y lo que se modifica es lo
relacionado con el proceso de adaptación (equilibrio psicológico y satisfacción
de vida). La rigidez de ciertos rasgos del carácter puede presentarse como una
forma de adaptación y comunicación con el medio social.
C. Jung y E. Erikson fueron los
primeros en establecer que los cambios de personalidad se llevan a cabo a lo
largo de toda la vida.
El llegar a edades avanzadas se
describe como una función de orientación positiva hacia la integración del yo.
Esta nueva perspectiva ha dado lugar al estudio del envejecimiento, dentro de
un proceso de desarrollo, como un continuo que abarca toda la existencia, desde
el nacimiento hasta la muerte.
La teoría psicosocial del
desarrollo de la personalidad de E. Erikson (Childhood and Society, 1950)
establece que a partir de una potencialidad original del individuo se va dando
una transformación a través de un desarrollo sucesivo y ordenado de diferentes
fases. Se trata de un proceso evolutivo basado en una secuencia de hechos
biológicos, psicológicos y sociales. En cada una de las fases del desarrollo el
individuo debe afrontar y dominar un problema fundamental dado por dos fuerzas
contrarias (crisis) que exigen una solución o síntesis. Del éxito de esta
solución depende que el individuo pueda pasar de una fase a la siguiente.
Las teorías del ciclo de vida y
del desarrollo del potencial humano consideran que la madurez es más factible
de alcanzar en la última etapa de la vida. Por lo general, la crisis de la edad
media favorece que el individuo tome conciencia del camino que ha recorrido y
reconsidere su situación existencial y su preparación para la segunda mitad de
su vida. Llegar a ser viejo no significa necesariamente haber alcanzado la
madurez. El proceso de madurar lo explica Jung como el proceso de
individuación, en donde el individuo se va constituyendo en un adulto completo
y único a través de las diversas partes negativas y positivas que lo integran y
que él acepta en toda su diversidad.
Otros autores (A. Maslow, C.
Rogers) han utilizado otros términos: La autorrealización o autoactualización
que coinciden con el concepto de madurez, integridad o individuación. Este
concepto implicaría el haber explotado todos los talentos, capacidades y
posibilidades que existen potencialmente en todo ser humano. Lo anterior
significaría alcanzar la sabiduría, que ha sido claramente descrita desde la
antigüedad como una de las características de la senectud.
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