La autoestima refleja la
valoración del propio yo. La autoestima se encuentra asociada con la salud, las
actitudes hacia el envejecimiento y la satisfacción con la vida pasada. Tener
una buena autoestima, cuando envejecemos, es un buen índice de que la adaptación
a circunstancias difíciles; Niveles bajos de autoestima serían señales de la
posibilidad de la aparición de sucesos depresivos. La forma en que una persona
negocia las experiencias y acontecimientos de su vida depende básicamente del
contenido, organización y funcionamiento de su autoconcepto.
El autoconcepto es una
organización que integra e interpreta la experiencia a lo largo del tiempo y le
da continuidad y significado, regula el afecto y motiva a la persona. Los
sucesos vitales que afectan a las personas en el envejecimiento, son factores
de cambio en la personalidad.
Según la teoría de los ocho
estadios de Erikson en el desarrollo del Ego, las personas ancianas alcanzan un
estado de madurez en el que es posible la integración en la reconciliación y
satisfacción con su vida pasada o la desesperación y el disgusto por los fallos
cometidos.
En cambio, las teorías
antiestadíos de la personalidad, consideran que el desarrollo y la adaptación
no siguen un proceso lineal y se ven afectados por los acontecimientos
históricos durante el ciclo vital, lo que contradice parcialmente la teoría de
Erikson.
Por lo general, los rasgos de
personalidad se mantienen estables a lo largo del ciclo vital. En caso de
producirse cambios, éstos suelen asociarse a acontecimientos de tipo pérdida,
fundamentalmente de salud y de soporte social, más que a la edad cronológica.
Estas pérdidas hacen a los ancianos más prudentes y cautelosos ante los
problemas.
Reig (1992) establece que: «Tanto
las enfermedades biológicas que afectan a la salud como los acontecimientos
sociales tienen un impacto muy importante en el individuo. Impacto que se une a
las transformaciones que la persona experimenta en el ambiente físico. Los
cambios sensoriales, motores y cognitivos en general, hacen que el mismo
ambiente físico en el que venía desenvolviéndose comience a ser diferente. El
individuo empieza a percibir el mismo ambiente como diferente. Estos
acontecimientos externos al propio sujeto determinan una nueva forma de
comportarse que percibimos como característica de los viejos».
En la reorganización que hace el
individuo cuando se enfrenta a los múltiples cambios del envejecimiento
interviene su personalidad previa, es decir, la forma previa de comportarse y
ser. De cómo interrelacionan los efectos de los nuevos cambios y la
personalidad previa surge la adaptación que cada persona realiza respecto a su
nueva etapa, la vejez.
Muchos de los acontecimientos a
los que se enfrenta la persona en la vejez además de poder transformar su
personalidad pueden generar estrés en la persona que los vive, el cual puede
repercutir en una enfermedad física o mental. Pueden acompañarse con pérdida de
la autoestima y de aislamiento lo cual repercute en nuestra red de apoyo social
y en nuestras oportunidades de participación en actividades.
http://cursoanimadorpersonasmayores.jimdo.com/cambios-en-la-personalidad/
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